Tras un 2025 de ajuste y supervivencia, el país proyecta un 2026 de alivio. Neuquén enfrenta el desafío de reducir su déficit y contener la inflación.

El 2025 ya quedó atrás. Fue, sin dudas, un año duro, como tantos a los que la Argentina parece estar condenada cíclicamente. Un año atravesado por un ajuste fiscal severo, con quita de subsidios energéticos, pérdida del poder adquisitivo y una sensación extendida de miedo a que el enorme sacrificio no valiera la pena y que el experimento en marcha fracasara.
Durante el pasado año, mientras se desplegaba un programa económico tan drástico como inédito, el presidente Milei exhibió un estilo personal que muchas veces pareció desconectado de la realidad. Insultos permanentes a dirigentes políticos y periodistas, una comunicación errática en redes sociales con la difusión de datos difícilmente verificables —como la supuesta salida de millones de argentinos de la pobreza— erosionaron la confianza incluso de los más optimistas. Más de un argentino se preguntó si el país estaba siendo conducido por alguien con todos los patitos en fila.
Inevitablemente, ese clima trajo aparejada una progresiva fuga de los dólares prestados por el FMI, reeditando un déjà vu fatal de la historia reciente. Como si fuera poco, al menos dos escándalos de corrupción —los casos LIBRA y ANDIS— pusieron en duda la legitimidad del gobierno en el peor momento posible: un año electoral. La sensación generalizada fue que el esfuerzo exigido a la sociedad podía no tener recompensa y que todo terminaría muy pero muy mal.
El gobierno de Javier Milei llegó a las elecciones legislativas de octubre como una bomba de tiempo a punto de estallar. Sin embargo, logró sortearlas con éxito, por dos factores clave: el temor persistente del electorado a un retorno del kirchnerismo y el respaldo de un Donald Trump decidido como nunca a tejer alianzas regionales en clave ideológica.
El desplazamiento forzado del dictador Nicolás Maduro en Venezuela el pasado sábado, confirma que Donald Trump está dispuesto a intervenir sin titubeos en América Latina, para consolidar su poder regional. Así, el 2025 terminó mejor de lo que muchos imaginaban, consolidándose como un año de miedo y supervivencia que, contra todo pronóstico, no terminó en colapso.
El 2026 abre un escenario distinto
No habrá presión electoral ni turbulencias políticas y tanto la dirigencia como la ciudadanía podrán —al menos en teoría— correr el eje de la discusión. En lo económico, tal vez la inflación deje de ser el problema excluyente y las mejoras macroeconómicas logren traducirse en acumulación de reservas en dólares, baja del riesgo país y avances concretos en los sectores de la industria y la construcción, más allá de los exportadores de la agroindustria, los hidrocarburos y la minería, que fueron los únicos sectores visiblemente favorecidos.
Quizás, sea este el año donde comience a esbozarse un nuevo sistema de partidos, con una oposición responsable, no anclada en el pasado kirchnerista, capaz de ofrecer alternativas que no espanten a la inversión ni profundicen la grieta.
También es posible que Milei, con un tono aparentemente más político y menos confrontativo, intente construir puentes para un proyecto nacional más integrador. Al menos las reformas que ambiciona impulsar desde el congreso de la nación, así lo requerirán.
En Neuquén, los desafíos del 2026 tienen otra naturaleza
Al inicio de su gestión, el gobernador Rolando Figueroa estimó un déficit de infraestructura cercano a los 4.000 millones de dólares. Hoy esa cifra ronda los 3.000 millones, una reducción del 25 % en apenas dos años. El desafío es acelerar la reducción de dicho déficit, priorizar obras que impacten directamente en la calidad de vida, y ejecutarlas con eficiencia y transparencia, en una provincia que crece aceleradamente gracias a Vaca Muerta, pero que también recibe nueva población y nuevas demandas.
El contexto neuquino es muy claro y diferenciado: según datos del INDEC, Neuquén registró la inflación más alta del país en 2025, con un acumulado enero-noviembre del 34,9 %, siete puntos por encima del promedio nacional. El común de la gente, el asalariado, en que no trabaja en la industria de los hidrocarburos, padece un costo de vida muy por encima de sus posibilidades, en lo que se constituye como una singularidad macroeconómica difícilmente salvable, salvo por incentivos selectivos que el Gobierno provincial eventualmente pudiera aportar, a través de mejores salarios o de políticas sostenidas de acceso a la vivienda, quizás el mayor problema de las clases medias y bajas.
En términos políticos, el 2026 aparece como un año relativamente calmo en Neuquén. Es probable que los referentes de la Libertad Avanza, Nadia Márquez y Pablo Cervi, concentrarán sus esfuerzos en la arena legislativa nacional, mientras que en otro carril diferenciado, el oficialismo provincial estará abocado a la gestión. No se esperan grandes tensiones electorales ni conflictos institucionales, e incluso se proyectan buenas relaciones entre Nación y Provincia en la administración cotidiana. Será el 2027 y no 2026 el año donde la lucha por el poder obligue nuevas y entretenidas rencillas políticas.

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